Reseña · OPUS MEI, de Lucía Alba Alcántara (Editorial Poesía eres tú, 2026)

Pocas veces un debut poético exhibe una conciencia tan clara de su propia arquitectura. OPUS MEI, de Lucía Alba Alcántara (Editorial Poesía eres tú), se ofrece como un único poema sinfónico articulado en diez estaciones de penitencia, según la feliz fórmula del prologuista. No estamos ante una colección de textos, sino ante un edificio.

El libro se inscribe, con plena lucidez, en la tradición de la poesía meditativa y mística de nuestra lengua, la que de San Juan de la Cruz llega a Valente y a Zambrano. De esa estirpe hereda Alba Alcántara su confianza en un saber que solo el poema alcanza —«Únicamente al filo del lenguaje se puede pensar lo silenciado.»— y su pensamiento por paradojas, que tensa los contrarios hasta arrancarles sentido.

Lo notable es que esa herencia altísima no aplasta a la autora, sino que la sostiene. Su voz seculariza el molde místico: la penitencia ya no expía ante Dios, sino que conduce al conocimiento de sí; la gracia no desciende, se conquista. Y el silencio, lejos de ser ausencia, se erige en forma suprema del saber: «toda verdad se vive en silencio.».

Conviene advertir de la densidad del libro, que reclama un lector paciente. La cuajada factura verbal —cultismos, neologismos, una sintaxis de torsión audaz— exige relectura. Pero quien la conceda hallará una de las propuestas más coherentes y ambiciosas que ha dado recientemente la joven poesía española.

OPUS MEI promete, en su tramo final, que la penitente seguirá el camino «por siempre blandiendo / el cayado de peregrino.». Es un buen augurio: significa que esta voz, ya formada en su debut, tiene cuerda para rato. Habrá que seguirla de cerca.

Antonio Graña Ojeda