La poesía como testimonio
La discusión sobre si la poesía puede, o debe, ocuparse de lo que ocurre fuera del poema es tan vieja que ha producido sus propios lugares comunes, y los dos bandos los conocen. Afectos en tierra herida, de José Escolano Gil (Vergel, Alicante, 1954), no entra en esa discusión: la ignora con la naturalidad de quien nunca ha creído que hubiera que elegir. Su libro, publicado en 2026 por Editorial Poesía eres tú, ordena en cuatro secciones, Amor, Desamor, Ecopoesía y Desarmonías vivenciales, un recorrido que va de la intimidad a la denuncia sin que la voz cambie de registro, y esa decisión formal es, en buena medida, el argumento del libro.
El procedimiento es reconocible: un vocabulario escaso y estable, el mar, la luz, los niños, los árboles, que sirve igual para nombrar el deseo que la injusticia. En la sección inicial el mar es el espacio del cuerpo amoroso. «Anoche soñé que era el mar» lo dice con una imagen casi infantil, la de una voz que se deja excavar por niños y peinar por piratas, y la sencillez es deliberada: no hay aquí tentación de oscuridad. En la segunda sección, el desamor no cambia de imaginería, la vacía. «Adiós forever» sustituye la imagen por la onomatopeya y termina deshaciendo la palabra «tac» en letras sueltas. Es el poema más audaz del conjunto, y no por casualidad el más breve en contenido verbal.
La tercera sección desplaza el mar de metáfora del cuerpo a metáfora del mundo. «El verde todavía respira» no promete nada y constata que el daño aún no es total. Es, en términos de poética, un hallazgo de contención: la ecopoesía a menudo cae en la letanía del desastre, y este poema se queda en una sola afirmación y en la posibilidad, apenas esbozada, de «un mar solidario» que apague el fuego. A mi juicio, ahí hay más compromiso que en muchos alegatos de mayor volumen.
Es en la cuarta sección, la más extensa del libro, donde se juega su apuesta cívica y donde aparecen también sus dificultades. Los mejores poemas son los que reducen el discurso a una figura. «Sobre la guerra» organiza su denuncia con la anáfora «Nunca habrá paz», repetida cuatro veces, cada una con una condición distinta: la existencia de especuladores que gozan de la venta de armas, el reparto solidario de la riqueza, los sentimientos que no se beben, las rosas de la justicia que no se lanzan al mar de la libertad. Es una estructura sencilla que da autoridad al poema precisamente porque no explica. «El día del libro» hace algo parecido con el polisíndeton: la letanía de los días conmemorativos se quiebra con un «pero» y se invierte en una lista de ausencias. Aquí el recurso no es ornamento, sino argumento.
El problema aparece cuando el poema, en lugar de apoyarse en una figura, se apoya en la tesis. En varios textos de esta sección la voz enuncia la conclusión antes de haberla construido, enumera adjetivos y abstracciones, nombra poderes sin rostro, y el verso pierde la tensión que sí tenía cuando el poeta se limitaba a mostrar. No es un defecto menor, porque afecta justamente al núcleo del proyecto: el testimonio, en poesía, solo convence cuando el lector tiene la sensación de descubrirlo, no de recibirlo. Los poemas breves resuelven esto mejor que los extensos, y el libro habría ganado con una selección más severa de su tramo final.
Conviene, con todo, no leer este libro con exigencias que no son las suyas. Escolano Gil no escribe para un círculo; escribe para un lector de buena fe que quiere encontrar en el poema una palabra compartida para la pérdida y para la indignación. Su dicción directa, su verso libre de ritmo respirado, su confianza en la imagen sencilla responden a esa elección, y la responden con coherencia. Hay en el libro una ética de la mirada que se reconoce: la de quien se coloca del lado de las víctimas y nombra, sin eufemismo, a quienes considera responsables.
Afectos en tierra herida es, en suma, un libro de convicciones cuyas mejores páginas son aquellas en que la convicción se hace imagen. No descubre un lenguaje nuevo, ni lo pretende; propone una continuidad entre el afecto privado y la responsabilidad pública, y la sostiene a lo largo de doscientas cuarenta páginas con una constancia que le da identidad. Es lectura recomendable para quien se interese por la poesía de conciencia civil en español y quiera verla trabajar, con sus aciertos y sus excesos, desde un registro llano.
El libro (Editorial Poesía eres tú, 2026, ISBN 979-13-87806-52-1, 18 euros) puede encontrarse en https://gepa.es/producto/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/ y en https://libreria.ws/producto/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/. Ficha editorial: https://poesiaerestu.com/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/.
— Antonio Graña Ojeda
